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Con licencia
Lunes, 9.15 de la mañana, sede del Instituto Nacional de Transporte y Comunicaciones en San Francisco. El patio está repleto de gente que viene a tramitar su licencia de conducir, el traspaso de su carro o a tratar de obtener placas nuevas. Hay varias colas. Nadie tiene la certeza de estar en la apropiada y es difícil saber con exactitud quién va delante de quién. Entre el flujo de recién llegados que piden información —casi todos asustados, resignados y perdidos— destaca por el volumen y el timbre agudo de su voz una señora cincuentona de cartera bajo la axila. La acompaña una muchacha que debe tener dieciocho años, puesto que viene a sacarse la licencia de conducir, pero aparenta menos edad. La señora —probablemente su madre— va pastoreando a la muchacha por los meandros de las colas, mientras le da instrucciones a gritos, intercalando preguntas a quienes esperan pacientemente su turno para ser atendidos.
Madre: (Abriéndose paso a contramano entre las colas y preguntando sin dirigirse a nadie en específico.) ¿Esta es la cola de la licencia? ¿Sí? (Aludiendo a la hija.) Es que a ella le salió la cita para el viernes, pero no pudo venir…
Señor en la cola: Todos los que estamos aquí tenemos cita para hoy, señora.
Madre: (Con gesto de impaciencia.) ¡Por eso digo! Como a ella le tocaba el viernes, entonces la tendrán que atender hoy. ¿Esta es la cola?
Señor en la cola: (Refiriéndose a la fila de la que forma parte.) Bueno, aquí estamos haciendo la cola los de la licencia.
Madre: (Volteándose para hablar con la muchacha, que viene cabizbaja tras ella, y señalando la mesa donde desemboca la cola.) Andá a preguntar allá, ve. Yo te espero aquí, andá.
Muchacho en la cola: (Haciéndose el vocero oficial de una multitud que empieza a protestar por el anuncio de la señora.) Señora, pero la cola termina allá, debajo de la mata de mango. Aquí estoy yo de último porque tenemos que dejar un hueco para el pasillo, pero la cola sigue allí.
Madre: (Desestimando la información que le acaban de dar.) No, hombre, pero es un momentico nada más. ¿Pa qué me voy a ir si a lo mejor la atienden ahoritica? (Dirigiéndose a gritos aún más fuertes a la muchacha, que está tratando de llegar a la punta de las colas, donde reciben los documentos y donde se aglomera una pelota de gente.) ¡Apurate, decí que te tocaba el viernes!
Hija: (Hablando a gritos desde la punta, después de unos minutos de forcejeo durante los cuales la madre ha permanecido a un lado de la fila de la licencia, como si formara parte de ella pero estuviera ligeramente fuera de lugar.) ¡Esa es la cola! ¡Hay que hacer la cola para que me den un número!
Madre: (A gritos también) ¡Entonces quedate allá para que te den el número un momentico! (Ante el griterío en protesta por el abuso sin disimulo de la pareja.) ¡Pero si es un momentico y ya ella está allá! (Reprochando a quienes protestan.) ¡Ay, sí, van a salir más tarde por eso..!
Muchacho en la cola: Ah, bueno, pero si es un momentico, como usted dice, hagan la cola…
Madre: (Incrédula y ofendida ante la conminación del muchacho.) ¡Pero no te estoy diciendo que a ella le tocaba el viernes!
Los gritos de protesta crecen, pero la señora mira hacia su hija como si no oyera nada. Después de unos minutos, la muchacha termina acercándose hasta donde está su madre. Viene con el ansiado número.
Posted on September 12, 2010 with 6 notes
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mdikdan reblogged this from escenasbaratonas and added:
estamos al abuso.
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