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…y progreso
Sábado, 4.30 de la madrugada. En la oscuridad apenas herida por la luz amarillenta de un poste, la calle se vuelve animal y suenan solo trinos y ladridos esporádicos. A ellos se suma el quejido cadencioso de una bicicleta que aparece en escena, circulando por el centro de la calzada con una bolsa plástica blanca amarrada al manubrio. El hombre que la conduce se ha remangado las perneras del pantalón para que no se le enreden en los pedales. Va en chancletas. Los ladridos arrecian a su paso y aún más cuando se desvía, sube la acera y se detiene casi bajo el farol. Recuesta la bicicleta en el muro de una casa, se para frente a la pared con las piernas bien separadas, apoya en la cerca su mano izquierda y en ella descarga todo su peso, mientras con la derecha se ocupa de abrir la bragueta y dirigir el chorro de orina. Entretanto, tres perros callejeros se acercan a ladrarle, más juguetones que amenazantes.
Ciclista: (Sin dejar de orinar, mirando sobre su hombro y manoteando hacia los perros con la mano izquierda, en cortas ráfagas, para no caerse.) ¡Shu! ¡Shu! ¡Orden, pues! ¡Orden! ¡Orden! ¡Orden, pues!…
Posted on May 19, 2012 with 5 notes
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