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Lampacea, fija y da esplendor
Sábado en la mañana, en una panadería convertida en minimercado. En uno de los estrechos pasillos, una mujer con el pelo recogido bajo un gorro y calzada con botas de seguridad lampacea. Otra empleada está muy cerca, revisando anaqueles y haciendo anotaciones en una carpeta.
La que anota: (Monocorde, sin pausa, mientras aparenta estar muy concentrada en sus notas.) Lampacear, lampacear, lampacear, lampacear, lampacear, lampacear…
La que limpia: (Sin quitar la vista del suelo, en el mismo tono y al mismo tiempo que su compañera.) Coletear, coletear, coletear, coletear, coletear, coletear…
La que anota: (Interpelándome, al darse cuenta de que voy pasando y no he escuchado su conversación previa al intercambio de infinitivos.) ¿No es verdad, señora? Si uno está aquí, ¿cómo se llama eso? (Apunta con la barbilla a la actividad de su compañera.)
Yo: (Divertida.) ¡Lampacear!
La que anota: ¡Claro que lampacear! (Dirigiéndose a la que limpia.) No vais a hacer como el sobrino mío, que es de allá de Maracay, y dice: “Tía, pásame las cholas”. Y yo le digo: “¡Qué es eso, muchacho! Eso no se dice ‘cholas’, se dice ‘cotizas’. Chola es lo que tiene usted ahí en el medio”.
Posted on October 27, 2012 with 2 notes
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