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Punto de partida
Jueves alrededor de las 6.30 de la mañana en la Vereda del Lago. El sol empieza a calentar y a la vera de un sombreado paraje de la caminería interna, el silencio que matizan los pájaros carpinteros empeñados en tallar los postes de luz se ve interrumpido por un sonido familiar: unas piedras de dominó que se estrellan periódicamente contra una superficie dura. En donde debió ir un bohío que nunca se levantó, y protegidos por unas frondosas acacias, cuatro hombres cercan una mesa de concreto que les llega a la altura de la cadera y está erigida sobre un pilar de cemento y ladrillos. Sin proferir palabra, alternan su atención entre las piedras que ocultan en una mano y las que están descubiertas sobre la superficie de la mesa. Todos tienen entre treinta y cuarenta años. Uno de ellos viste camisa de manga larga; dos llevan terciados los envases negros de sus viandas. Un quinto hombre, mayor que los otros, está sentado en uno de los cinco bancos que sirven de límite al imaginario bohío. Lee el periódico, el cual sostiene frente a sí con los brazos abiertos y sin apoyo. En un momento en que el ruido de las piedras aumenta y el intervalo entre jugada y jugada disminuye, el quinto hombre detiene momentáneamente la lectura. Baja un poco el periódico y mira al grupo por encima de las páginas. Al corroborar que la partida prosigue, libera por un segundo una mano, mata a un mosquito en uno de sus brazos y retorna a la lectura.
Quinto hombre: (Replegado de nuevo tras el periódico, con tono cansino.) Vai, apúrense pues.
Posted on June 19, 2011 with 4 notes
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