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La piedad
Domingo, cerca del mediodía, lateral de la Basílica. Un hombre y una mujer se detienen frente a una de las vendedoras de flores ubicadas en la acera. La mujer contiene a duras penas su voluminosa figura con un leotardo de lycra y una larga franela. Usa una gorra blanca, tiene la voz gruesa y, en general, luce amenazante. El hombre es menudo, muy delgado y tiene un bigotillo ralo y descuidado. Ella cruza los brazos y espera que él haga algo que, al parecer, previamente han acordado.
Ella: (Señalando con la barbilla a una de las vendedoras.) Vai, pues.
Él: (Con voz queda, apuntando con el dedo hacia las rosas envueltas en celofán.) ¿A cuánto salen?
Vendedora: A quince.
Él: (Tensando hacia abajo la comisura de los labios.) ¡Értale!
Ella: (Furiosa, manoteando.) ¡Verga, comprale unas flores a la Chinita, no seáis malparío!
Posted on June 20, 2010 with 3 notes
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