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Un quintico
En una papelería. El cajero, un joven cuya cabeza parece un muestrario de estalagmitas, termina de registrar mi pequeña compra. A su lado, una muchacha se ocupa de otra caja.
Cajero: (Levantando la cabeza del teclado para decirme el total.) Cincuenta y cinco con cincuenta y cinco. (Pausa.) Juéguese el cinco cinco. Cuatro veces cincuenta y cinco… No, ¿cómo es? Cinco veces cincuenta y cinco. No, cinco veces cinco. No, ¿cuánto era?
Compañera: (Seria, acudiendo en su ayuda.) Son cuatro veces cincuenta y cinco.
Cajero: Ya va, pa ver… (Se mira los dedos.) No, son cinco cincos. O sea, cinco cinco y cinco cinco. (Usando su mano derecha, separa primero el meñique y anular de la izquierda y luego hace un segundo grupo con el corazón y el índice. Repite.) Cinco cinco y cinco cinco. (Riéndose.) A la ve… son cuatro cincos, ¿no te estoy diciendo?
Compañera: (Dirigiéndose a mí.) Yo que usted no me juego nada, quizás qué número sale.
Yo: (Luego de rebuscar en la cartera, extiendo cincuenta y seis bolívares exactos al cajero.) Déjalo así, chamo.
Posted on July 17, 2010 with 5 notes
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