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Oiga
Centro de Maracaibo, en un costado de la entrada principal del Hospital Chiquinquirá, 10 de la mañana. Dos hombres están sentados en unos precarios taburetes al lado de una carretilla de madera llena de zapatos de goma amontonados. El mayor de los hombres es de edad indefinible. Le faltan más dientes de los que tiene, calza unas cholas de caucho y usa una gorra que pudiera ser de cualquier color. Tiene una voz potente y aguardentosa, un marcado acento colombiano y es el encargado de pregonar la mercancía. El joven a su lado no parece tener más papel que reírse de todo lo que el otro dice. Ambos dan la impresión de estar divirtiéndose.
Desdentado: (Soltando su pregón como una metralleta y desgañitándose especialmente cada vez que dice “oiga”.) ¡Oiga! Las gomas a treinta. ¡Oiga! Estoy robao. ¡Oiga! Las que no dan pecueca. ¡Oiga! A treinta mil. ¡Oiga! Estas meten goles. ¡Oiga! Eso está garantizado. ¡Oiga! Le quedan a todo el mundo. ¡Oiga! Garantizo que duran hasta que se acaban. ¡Oiga! Estoy robao…
Posted on August 22, 2010 with 3 notes
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