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Precio justo
En un baño de carretera. Junto a la destartalada puerta, una mujer está sentada en una silla baja, apropiada para un kínder. Tiene en su regazo una caja de cartón poco profunda, en la cual ha dispuesto tiras de papel higiénico dobladas con esmero y una cajita de plástico transparente, que deja ver monedas de un bolívar y billetes de dos. Suda, se abanica con un cartón y se acomoda con frecuencia el koala de cuero negro que se le incrusta en el abdomen.
Señora: (Dirigiéndose a mí con desgano, cuando entro en el baño.) Aquí sí hay el papel higiénico. Una colaboración.
Yo: (Todavía despistada por el contraste del sol despiadado del exterior y la penumbra cochambrosa del interior.) No, gracias.
Señora: Mire que es papel de los buenos, de los de antes, de hoja doble. Dos bolivita.
Posted on April 29, 2012 with 4 notes
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Milagro sanitario
En el baño de mujeres de la llegada de vuelos nacionales del aeropuerto La Chinita. El lugar está impoluto y aparentemente solitario. De repente, se escucha el inconfundible estruendo de una poceta a la que le acaban de halar la cadena.
Señora mayor: (Hablando fuerte, aunque sin conciencia de que alguien escucha.) ¡Alabado sea el Señor! ¡Mil gracias, Dios padre! (Abre el cubículo donde estaba, mientras se cuelga el bolso del hombro, y entonces me descubre. Ahora habla un poco apenada.) Da como un fresquito que haya agua en el baño, ¿no?
Posted on December 28, 2011 with 16 notes
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Perfecto
Cerca del mediodía en el Círculo Militar, durante una jornada de expedición de carta médica para conducir. Tengo el número 114 en la lista y llevo esperando desde las 8.30 de la mañana. Voy a ser examinada por una mujer de mediana edad con bata blanca, lentes y un BlackBerry pegado a su oreja. Me pide la cédula y comienza a escribir mis datos a mano en lo que será mi certificado, sin dejar de decir por la bocina del teléfono de vez en cuando ajá, así es, sí, ajá….
Doctora: (Alzando la barbilla para que se vea bien que me apunta con los labios puestos en morro antes de hablar.) ¿Cuál es tu tipo de sangre?
Yo: (Un poco enredada con una carpeta en la que traigo los requisitos solicitados para el trámite: fotocopia de la cédula, fotografía con fondo blanco y carnet con el grupo sanguíneo expedido por un laboratorio.) Un momentico, que aquí lo tengo…
Doctora: (Con gesto impaciente.) No, no, no, deja eso así… ¿No te lo sabes?
Yo: (Pensando con dolor en el dinero gastado en el laboratorio.) Be positivo.
Doctora: (Sin mirarme, pero retirando un poco el teléfono para hablarme mientras me alcanza un rectángulo de plástico.) Tápate el ojo derecho y lee la línea nueve.
Yo: (Con enorme esfuerzo porque no distingo bien las letras) E… o… ge… ele… o… efe… o… e.
Doctora: (Después de unos segundos, al darse cuenta de que terminé, y todavía sin mirarme ni soltar el teléfono.) Ahora tápate el izquierdo y lee la misma línea de atrás palante.
Yo: (Ya entregada.) E… o… erre… efe… pe… o… e.
Doctora: (Extendiéndome el cartoncito con el que debo pasar a una mesa donde me darán el carnet.) Perfecto.
Yo: (Riéndome.) Bueno, perfecto, lo que se dice perfecto, no fue…
Doctora: (Riéndose y mirándome por primera vez y poniendo la bocina del celular hacia arriba para retirarla de su boca.) Bueno, pero sirve…
Yo: (Levantándome.) ¿Y ya no toman la tensión?
Doctora: (Escandalizada.) No, ¡imagínate!, nos tardaríamos todo el día.
Posted on October 12, 2011 with 6 notes
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Bomba
Once y media de la mañana, en una bomba en Cecilio Acosta. Después de cuarenta minutos de cola —puesto que buena parte de las estaciones de servicio están cerradas por falta de gasolina—, llego hasta el surtidor y empiezo a llenar el tanque. El bombero encargado de la isla camina con parsimonia, alternando todo su peso de un pie a otro, y se detiene a conversar con cualquiera, exasperando así a los clientes que aguardan acalorados dentro de los carros. Una mujer joven, ágil y bien dispuesta se detiene a hablar con él un momento. Mientras habla, ella saca el pico de la manguera del tanque de mi carro, que se acaba de llenar, y le pide al bombero que le diga cuánto tiene que cobrarme.
Bombero: (Redondeando la cifra que indica el surtidor.) Son tres quinientos.
Yo: (Dándole un billete de diez bolívares a la mujer, que se ha acercado a mi ventanilla.) Tenga.
Mujer: (Impaciente ante la lentitud del hombre, que ha tomado el billete y se lo ha guardado en el bolsillo, sin hacer ningún otro movimiento.) ¡Mijo, el vuelto!
Bombero: (Agitando el dedo índice mientras frunce el ceño.) No, no, no… Hoy no estamos dando vuelto porque hay mucha gente.
Posted on September 16, 2011 with 8 notes
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Pasteurización
Sábado de diciembre, intersección de la calle 72 con avenida Delicias, tres y media de la tarde. Se escucha una gaita. La música proviene del frente de una de las casas de empeño del lugar, donde un grupo conformado por cinco o seis hombres de mediana edad toca con bastante destreza y entusiasmo Los patinadores. Están a la sombra de los aleros de los negocios, con micrófonos y amplificadores pero sin tarima. Al parecer han sido contratados para animar a un público inexistente, conformado casi en exclusividad por los carros que se detienen en el semáforo, la mayoría de los cuales tiene las ventanas cerradas.
Cantante: (Luego de los últimos acordes de la gaita.) …Los patinadores, una gaita viejita que habla de aquellos tiempos… porái, cuando los muchachos salían a patinar en las madrugadas y se robaban los cartones de leche de las casas… Ahora la leche es que no le roben a uno hasta la madre.
Posted on December 19, 2010 with 13 notes
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Sobreviviendo
Temprano en la mañana, a unos 25 metros de mi edificio. Un carro viejo está atravesado en la calle, dejado allí de cualquier manera. Por su posición, venía a contramano y uno de sus cauchos delanteros está sobre la acera. Tiene el vidrio del lado del conductor abierto y al parecer, según algunos testimonios, ha pasado horas con las luces prendidas, abandonado. Pero ahora a su lado está un hombre bajo, quizás en sus cincuenta años, que parece desorientado y mira al piso con insistencia. En la frente lleva pegada con esparadrapos una amplia gasa por cuyos extremos se escapan dos rajas tremendas que dejarán seguro una fea cicatriz. Las faldas de su camisa están por tramos fuera del pantalón. Se soba constantemente un brazo. Luce desvalido.
Yo: (Deteniendo mi carro a su lado al salir del estacionamiento.) Señor, ¿necesita ayuda?
Hombre: (Se acerca con una mirada intensa, aún perturbada, pero de algún modo agradecida.) No… No, gracias. Estoy esperando la grúa. Ya viene. Gracias.
Yo: (Viendo que no se mueve, como queriendo decirme algo.) ¿Qué le pasó?
Hombre: No, es que en la madrugada intentaron atracarme… y yo salí corriendo y por ahí me tropecé y me caí (Señala su frente.).
Yo: (Muy triste después de unos segundos de silencio en que quedamos mirándonos de hito en hito.) Lo lamento tanto… De verdad que lo lamento tanto…
Hombre: (Con intensidad.) Gracias. Muchas gracias.
Posted on November 1, 2010 with 16 notes
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Quality time
Un pulilavado al final de la tarde. Abuelo y nieto entran al local después de que el más joven estaciona su camioneta Hilux en el área de lavado. El nieto debe estar cercano a los treinta años. Su cabello rubio va cubierto por una gorra de los Yankees de Nueva York. Lleva dos estuches para celulares en el cinto del pantalón, como si fueran pistoleras, y tiene un BlackBerry en la mano. El abuelo debe estar cerca de los setenta años. Es un hombre fuerte, curtido, de manos gruesas. Camina detrás del nieto y lo deja hacer los trámites en la caja. Cuando terminan, el abuelo se sienta a mi lado en la sala de espera.
Nieto: (Mirando el BlackBerry, pero con voz solícita.) Abue, ¿queréis algo? ¿Un agua, una malta, un juguito?
Abuelo: Una agüita. (Mientras el nieto se va al mostrador donde venden chucherías, el abuelo me mira, asiente con la cabeza como saludo y espera por el muchacho, que regresa a los pocos minutos.)
Nieto: (Se sienta en un sillón frente a nosotros al tiempo que alarga la botella de agua mineral al abuelo, pero sin despegar la vista de la pantalla del BlackBerry.) Tené.
Abuelo: (Después de un silencio durante el cual el nieto no ha despegado los ojos de su teléfono.) ¿Y habéis vuelto a que la gocha?
Nieto: (Sin mirarlo.) No, no… Tengo tieeeeempo…
Abuelo: Ciento veinte está cobrando ya por las uñas encarnadas…(El nieto levanta brevemente la vista de su BlackBerry con una media sonrisa que busca mi complicidad, pero no dice nada.) Pero vale la pena. Aunque me dijeron de otra por allá por San Jacinto. Voy a probar a ver. (Nuevo silencio en el que el nieto se vuelve a sumergir en su teléfono. El abuelo termina tomando una revista que está sobre una mesa cercana y la hojea. Se detiene en un anuncio que muestra a un perro —un bulldog— al volante de un carro.) Ve, chico, ve, igualito al de tu tía.
Nieto: (Mirando por un instante la página que le muestra el abuelo, pero sin dejar de escribir en el teclado del teléfono, responde distraído.) Ajá… No, pero… Pero… El de tía es… El de tía es… ¿Cómo se llama?… El de tía es un bicho… (Tratando de dar con la palabra.) Un bicho… Un pitbull…
Abuelo: Yo lo veo igualito… Malcriado que tienen a ese perro, mirá.
Nieto: (Nuevamente absorto en su pantalla.) Ujum…
Abuelo: (Luego de un nuevo silencio.) ¿Y habrá ganado el Barça ayer al Valencia? Yo lo dejé perdiendo uno a cero. (Silencio.) ¿Ah?
Nieto: (Concentrado en sus mensajes.) Ujum…
Abuelo: (Luego de otro silencio durante el cual cruza los brazos sobre su pecho y se queda mirando al nieto.) ¿Ah? (Silencio. El abuelo sigue mirando al nieto, sin que este lo note, y al cabo de un rato empieza a cabecear hasta que finalmente cierra los ojos y se queda dormido.)
Posted on October 19, 2010 with 14 notes
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Bicho raro
Media mañana en una gasolinera. Mientras espero que se llene el tanque de mi carro, veo a un hombre bajo y regordete, de pelo cano, con visera negra, grandes lentes oscuros, bermudas grises un poco largas (o pantalones muy cortos), zapatos blancos de goma, medias grises y una franelilla negra. Está hablando con uno de los empleados en la otra isla de la bomba y se le escuchan grandes risotadas. Cuando concluye, se acerca y, una vez al lado de mi carro, apoya todo su antebrazo izquierdo en el surtidor de gasolina y hace descansar en él todo el peso de su cuerpo, mientras pone su brazo derecho en jarras. Observa un momento en silencio al bombero que está atendiéndome y enseguida comienza a conversar con él.
El de las bermudas: Verga, a la sobrina mía le robaron el BlackBerry ayer en el bus.
Bombero: ¿Ayer? Verga, con razón no me saludó ayer; andaba arrecha.
El de las bermudas: Sí, allá estuvo allá toda la tarde llorando en la casa.
Bombero: Verga, pero esos teléfonos no son para andar usándolos en el bus. Eso no se usa en el bus. Si esos coños, ajá, prenden así (hace como si pulsara con el pulgar un teléfono imaginario), y ya saben cuántos BlackBerrys hay y pum, pum, pum… ya está. Así se lo robaron al sobrino mío…
El de las bermudas: Eso le dije yo, pero ajá, ¿cómo hace uno? (Tratando de incluirme en la conversación.) ¿No es verdad, señora, que así se lo roban a uno?
Yo: Bueno, eso dicen, pero no sé, yo no tengo BlackBerry…
El de las bermudas: ¿Cómo así?
Bombero: (Al mismo tiempo que el otro.) ¿Se lo robaron?
Yo: No, no… no tengo uno, nunca he tenido.
Bombero: Ah… (Ambos se sumen en un silencio incómodo, como cuando se ha cometido una indiscreción.)
Posted on October 1, 2010 with 20 notes
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Colabórenme para la urna de Chávez, que lo vamos a enterrar hoy.
Domingo 26 de septiembre. Letanía de una mendiga de edad indefinible mientras recauda en un vaso de plástico los óbolos de los electores en el colegio San Vicente de Paúl, a quienes, por residir en una zona de clase media, ella supone mayoritariamente opositores.Posted on September 29, 2010 with 6 notes
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No es serio este cementerio (II)
La misma oficina del cementerio Jardines La Chinita, donde se informa sobre los estados de cuenta de la cuota de mantenimiento. Poco a poco se ha llenado de gente que recala allí después de dar muchas vueltas. Todo el mundo lleva en sus manos carpetas o papeles. El lugar tiene dos escritorios y poco mobiliario más. Pero en la pared del fondo ya está pegado un llamativo afiche en el que predomina el color rojo. En él se ve una fotografía del Presidente y una leyenda en gruesas letras.
Hombre en la cola: (Apoyado en una pared, lee en voz muy alta el cartel después de un sonoro suspiro.) “Aquí no se rinde nadie. Aquí no se cansa nadie”…
Mujer: (Señalando con el dedo gordo izquierdo el camposanto que se ve a través del ventanal.) Será allí, porque lo que es aquí estamos hartos todos.
Posted on August 18, 2010 with 2 notes
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No es serio este cementerio (I)
Una de las oficinas administrativas del cementerio Jardines La Chinita, 9.30 de la mañana. Un gentío compone una larga cola en el extremo opuesto del edificio. Los alrededores están llenos de personas armadas con sombrillas, en señal de resignación. Dentro de la oficina un tanto desangelada, se forman dos colas con quienes vienen a buscar información sobre la convocatoria hecha por la Alcaldía de San Francisco, según la cual los dueños de parcelas deben llevar los documentos que demuestren su propiedad en un plazo que vence en tres días. Un hombre mayor, obeso, que lleva una visera blanca, está sentado frente a un funcionario muy joven, abrumado pero amable.
Señor: (Con una carpeta manila entreabierta en sus manos, manoseando los papeles que contiene). Ajá, acá tengo de todo. Aquí está la copia de la cédula, la copia del contrato… no tengo el último recibo de pago, pero tengo el documento de propiedad notariado. Si es que de eso hace más años… Mamá está enterrada allí. Aquí tengo lo que queráis, la orden de inhumación, ve. O sea, el papel para enterrarla…
Funcionario: (Ojeando la orden de entierro con cara de quien ve por primera vez el documento.) Ah… Ya va… (Dubitativo, sin saber qué hacer con el papel.) Pero esto no… ¿Y tiene allí la partida de disfunción?
Señor: (Soltando una risotada y mirando a su alrededor para buscar complicidad.) ¿La partida de disfunción? ¿La partida de disfunción? Mi alma, esa estará en otra carpeta. En la de salud, será…
Posted on August 17, 2010 with 5 notes
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Un quintico
En una papelería. El cajero, un joven cuya cabeza parece un muestrario de estalagmitas, termina de registrar mi pequeña compra. A su lado, una muchacha se ocupa de otra caja.
Cajero: (Levantando la cabeza del teclado para decirme el total.) Cincuenta y cinco con cincuenta y cinco. (Pausa.) Juéguese el cinco cinco. Cuatro veces cincuenta y cinco… No, ¿cómo es? Cinco veces cincuenta y cinco. No, cinco veces cinco. No, ¿cuánto era?
Compañera: (Seria, acudiendo en su ayuda.) Son cuatro veces cincuenta y cinco.
Cajero: Ya va, pa ver… (Se mira los dedos.) No, son cinco cincos. O sea, cinco cinco y cinco cinco. (Usando su mano derecha, separa primero el meñique y anular de la izquierda y luego hace un segundo grupo con el corazón y el índice. Repite.) Cinco cinco y cinco cinco. (Riéndose.) A la ve… son cuatro cincos, ¿no te estoy diciendo?
Compañera: (Dirigiéndose a mí.) Yo que usted no me juego nada, quizás qué número sale.
Yo: (Luego de rebuscar en la cartera, extiendo cincuenta y seis bolívares exactos al cajero.) Déjalo así, chamo.
Posted on July 17, 2010 with 5 notes
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Cédula
En la cola para pagar en la panadería. Los clientes estamos en silencio hasta que se dispara una alarma. De inmediato, la fila se descompone y todos miramos, inquietos y pescueceando, a través del ventanal que separa la panadería del estacionamiento. Al corroborar que no se trata de ninguno de los carros de los presentes, se forma una conversación colectiva en la que cada quien aporta el breve relato del último atraco o robo del que tuvo noticia. Cuando el coloquio languidece, luego de un par de minutos, un hombre setentón que ha permanecido callado y viste una guayabera interviene con inconfundible acento italiano.
Italiano: (Meneando la cabeza mientras pone su bolsa de pan sobre la cinta móvil de la caja registradora.) Ay, Maracaibo, qué desastre… Lo maracucho somo pura pérdida. Este paí se lo ievó quien lo trao.
Posted on June 24, 2010 with 4 notes
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Sala situacional
Miércoles, cinco de la tarde. En el salón principal de la amplia peluquería unas veinte mujeres ataviadas con delantal blanco, pantalones oscuros y una blusa rosada manga corta se aburren sin disimulo. Alguna mira ensimismada su BlackBerry y teclea con rapidez, otra se lima las uñas, la de más allá le arregla los pies a una compañera, pero la mayoría sostiene su quijada con la palma de la mano, esperando que asome alguna clienta necesitada de sus oficios. El salón estaría en silencio si no fuera por el ruido del aire acondicionado, el murmullo que llega de un televisor y el secador encendido con el que una afortunada emperifolla a una muchacha que lee una revista. En su taburete usual, frente a la vieja caja registradora, se encuentra la parca mujer encargada de cobrar. Lleva el pelo recogido en una improvisada cola de caballo y los centímetros visibles de canas hacen sospechar que ha renunciado para siempre al tinte.
Yo: (Mientras le extiendo un billete que cubrirá mis exiguos gastos.) Esto está lento hoy, ¿no?
Cajera: (Asintiendo con un movimiento de cabeza al tiempo que hace una trompita con los labios y cierra los ojos.) Y eso no es nada: Maza Zavala dice que el año que viene va a ser peor.
Posted on May 30, 2010
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Efectos prácticos
Domingo en la mañana. Un niño y su madre caminan por la acera tomados de la mano. El niño tiene ocho o nueve años. Lleva el corto cabello aún mojado y peinado con raya a un lado, su camisa de manga corta va metida por dentro del pantalón y por su pecho cruza terciado en bandolera un bolso negro que recuerda a los de los mensajeros. Su madre está en sus treinta años, tiene la voz dulce y camina levemente inclinada hacia su izquierda, donde está el niño. Cuando pasan por mi lado, escucho un retazo de su conversación.
Madre: …y ahora se quedó sin el carro, sin la cartera y sin todo lo que llevaba en la cartera. (Adoptando un tono didáctico.) O sea, por ejemplo, la chequera, porque ella siempre lleva la chequera en la cartera cuando va a comprar… y las tarjetas… y la cédula…
Niño: (Con seriedad y desdén.) Ay, tía parece gafa. Todo el mundo sabe que uno escanea la cédula y esa es la que llevas en la cartera…
Posted on April 13, 2010 with 5 notes