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Bomba
Once y media de la mañana, en una bomba en Cecilio Acosta. Después de cuarenta minutos de cola —puesto que buena parte de las estaciones de servicio están cerradas por falta de gasolina—, llego hasta el surtidor y empiezo a llenar el tanque. El bombero encargado de la isla camina con parsimonia, alternando todo su peso de un pie a otro, y se detiene a conversar con cualquiera, exasperando así a los clientes que aguardan acalorados dentro de los carros. Una mujer joven, ágil y bien dispuesta se detiene a hablar con él un momento. Mientras habla, ella saca el pico de la manguera del tanque de mi carro, que se acaba de llenar, y le pide al bombero que le diga cuánto tiene que cobrarme.
Bombero: (Redondeando la cifra que indica el surtidor.) Son tres quinientos.
Yo: (Dándole un billete de diez bolívares a la mujer, que se ha acercado a mi ventanilla.) Tenga.
Mujer: (Impaciente ante la lentitud del hombre, que ha tomado el billete y se lo ha guardado en el bolsillo, sin hacer ningún otro movimiento.) ¡Mijo, el vuelto!
Bombero: (Agitando el dedo índice mientras frunce el ceño.) No, no, no… Hoy no estamos dando vuelto porque hay mucha gente.
Posted on September 16, 2011 with 8 notes
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Marque Ionesco
La mujer toma el teléfono. Se dispone a consultar el estatus de un reclamo hecho al banco. Tiene en su mano el número asignado a su reclamo. Se sienta. Marca el 05006425283.
Voz femenina robótica: Bienvenido al servicio de clave telefónica del Banco de Venezuela. Pensando en usted hemos incorporado un menú rápido de opciones para su comodidad. Marque su número de cédula.
La mujer marca su número de cédula.
Voz femenina robótica: Para activar tarjeta de crédito, marque 0; consultar saldos, marque 1; realizar pagos y transferencias, marque 2; solicitar bloqueo de tarjeta de crédito o débito, marque 3; reportar imposibilidad de uso de tarjeta de crédito o débito, marque 4; soporte de atención Clavenet personal, marque 5. Para otras opciones de servicio, marque asterisco.
La mujer duda un poco y termina marcando asterisco.
Voz femenina robótica: Para consulta de saldos y solicitud de últimos movimientos vía fax, marque 1; para realizar pagos, transferencias, efectivo clave, afiliaciones, domiciliación y recargas telefónicas, marque 2; para bloquear tarjetas de débito y crédito, realizar preguntas, sugerencias o reclamos y consultar estatus de solicitud de crédito, marque 3; para servicios relacionados con sus tarjetas de crédito y débito, marque 4; para información sobre el programa Juntos, productos, servicios y promociones vigentes, marque 5; para reportar imposibilidad de uso de tarjeta de débito o de crédito, marque 6; para solicitud y activación de chequeras, actualización de su dirección y teléfono, marque 7. Usted puede marcar 8 para regresar al menú principal o 9 para finalizar.
Un poco confundida, la mujer termina marcando 3, que es lo que más se le parece a lo que busca, ante la imposibilidad de hablar con alguien. Para entonces, ya han pasado dos minutos al teléfono.
Voz femenina robótica: Para bloquear tarjeta de débito, marque 1; bloquear tarjeta de crédito, marque 2; consultar estatus de solicitud o reclamo, marque 3; realizar solicitudes, sugerencias o reclamos, marque 4; consultar estatus de solicitud de crédito, marque 5; para regresar marque 6. Para salir marque 9.
La mujer esta vez marca 3 un poco más segura de estar siguiendo el camino correcto.
Voz femenina robótica: Marque con el teclado del teléfono el número de su cédula de identidad.
Sin detenerse demasiado a pensar que ya le habían pedido el número de cédula, la mujer lo vuelve a marcar a ver si termina de una vez.
Voz femenina robótica: Si desea conocer el estatus del reporte número [dice aquí el número del reporte], marque 1-1-2-2-3-4-7-1-3, marque 2-1-2-2-0-1-2-7-4, marque 3.
Perpleja, la mujer se queda inmóvil hasta que la voz comienza a decir de nuevo toda la retahíla. Entonces toma un lápiz y garrapatea a toda velocidad las tres tandas de números que la voz vuelve a recitar con monotonía. Un poco nerviosa, marca 1-1-2-2-3-4-7-1-3.
Voz femenina robótica: Opción inválida.
La mujer, todavía sin entender qué pretenden de ella, marca entonces 2-1-2-2-0-1-2-7-4.
Voz femenina robótica: Gracias por utilizar los servicios del Banco Venezuela, la clave de su comodidad. Hasta luego.
La mujer se queda unos segundos con el auricular en la oreja. Acaba de invertir cuatro minutos y cuarenta segundos en el menú rápido de opciones pensado para su comodidad.
Posted on September 7, 2011 with 6 notes
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Moral y quemaditos
En un local de venta de tequeños y pastelitos. Ocupando una de las mesas, dos hombres exhiben un nutrido repertorio de películas piratas, seguramente con la anuencia de los encargados del local. La mesa está justo al lado de donde se forma la cola para pagar en la caja.
Vendedor 1: (Aprovechando que curioseo entre las películas mientras estoy en cola.) Esas que está viendo ahí son los dramas. Pura calidad. (Después de una pequeña pausa.) Aquí están las comedias. Todas originales, con menú.
Vendedor 2: (Un poco impaciente, se planta delante de mí dejando a su compañero a sus espaldas.) ¿Usted es casada?
Yo: (Sorprendida.) Sí…
Vendedor 2: (Despúes de rebuscar unos segundos entre un lote de películas, habla en tono terminante.) Llévese esta. (Me ofrece una película cuyo título en español es Prueba de fuego. La carátula muestra a un bombrero frente al resplandor de las llamas y, en otro cuadro, la silueta de una pareja sobre el mismo fondo. En letras más pequeñas que el título se lee: “Nunca dejes un compañero”. Como gancho publicitario, en la parte superior añadieron: “La película más edificante de este año en América”.)
Vendedor 1: Esa es buenísima.
Vendedor 2: Pero su marido ve películas también, ¿no? Porque tiene que verla con su marido. No la vaya a ver sola: tiene que verla con su marido, los dos juntos.
Yo: ¿Y eso?
Vendedor 2: Porque esta película es sobre el matrimonio. Yo se la recomiendo.
Vendedor 1: Es buenísima.
Posted on May 1, 2010 with 3 notes
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La combinación
En un banco, 8.50 de la mañana. En cuatro asientos cercanos a la taquilla destinada a la “tercera edad” aguardan dos mujeres y dos hombres. Los cuatro tienen el pelo más blanco que gris. Una de las señoras ha puesto su andadera color bronce frente a ella y combate el calor reinante en el local con un abanico que sacó de un bolsillo externo de su cartera; la otra mujer apoya sus dos manos sobre su bastón. Uno de los hombres es menudo, lleva una chemise con el nombre de una aserradora bordado y tiene los mocasines llenos de un polvillo amarillento. El otro es más corpulento y tiene en su regazo un Panorama doblado en cuatro. Todos han pasado ya por la taquilla, pero les han dicho que esperen a que los llamen para darles su dinero. Están en silencio hasta que pasa por delante de ellos una mujer de unos cuarenta años, muy perfumada, muy maquillada, con muchas pulseras y trajeada con chaqueta. Es, sin duda, una ejecutiva media. Carga aparatosamente un archivo de acordeón y camina con rapidez, como para que no la detengan.
Ejecutiva: (Dejando atrás a un cliente que se le había acercado a preguntarle algo, les habla a los cuatro sin detener su marcha.) Se me esperan sentaditos aquí un momentico, abuelos, que ya vamos a estar. Tenemos un problemita con la combinación, pero ya vamos a estar.
Señora de la andadera: (Sigue con la mirada a la ejecutiva y, tras una breve pausa, rompe el silencio con menosprecio, sin parar de abanicarse.) Seré yo su abuela…
Señor del Panorama: (Inclinando su torso hacia la derecha al apoyar el codo sobre la rodilla, y la mejilla en el puño, mientras lleva su mano izquierda a la cintura, todo con parsimonia.) O el otro…
Señor del aserradero: (Meneando la cabeza, también con la mirada puesta en la ejecutiva ya lejana.) Eso no se lo cree ni su propia abuela. (Arrugando mucho la cara y entrecerrando los ojos, en señal de extremo escepticismo.) ¿La combinación? ¿La combinación? Traeme una segueta pa abrir la caja fuerte esa, pa que veáis… La combinación… ¿No te digo yo? ¡Que ya no hallan qué inventar pa quedarse con los cobres de uno es lo que es!
Señora del bastón: (Mirando a su acompañante, que está apoyada contra una columna, y apuntando con el mentón a la ejecutiva ya sentada en su cubículo de vidrios transparentes.) ¿Qué dijo?
Posted on April 15, 2010
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Viernes de olores
En un supermercado. El área de pescadería parece desmantelada, pero allí aguardan unos clientes. Al poco rato, proveniente de una parte vedada al público, aparece un empleado con delantal blanco. Empuja un carrito de los que usan los clientes para hacer compra, repleto de pescado congelado y cortado en ruedas, sin envolver ni empacar. El carrito va dejando un rastro de agüilla por donde pasa. El olor del local entre la pescadería y el área de verduras es intenso y desagradable. Una señora mayor y menuda detiene su marcha y se queda observando la escena. Cuando la gente va despejando el lugar, se acerca hasta el empleado.
Señora: (Luego de rozar apenas el hombro del empleado para llamar su atención, le habla con condescendencia.) Mijo, muy bien todo, muy bonito todo, ¿pero esto tiene que oler a podrido obligado?
Posted on March 26, 2010 with 6 notes
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Coming soon
En una venta de pollos asados. Un despachador destaza un pollo tras otro como si se tratara de cortar tomates, los vuelca en los envases plásticos para llevar y va saliendo de un pedido grande que aguarda un cliente apoyado en el mostrador. El otro despachador, visiblemente más joven, está despatarrado en una silla, con los brazos cruzados en una esquina del espaldar y la cabeza semioculta entre los antebrazos. Este último, después de verme esperando durante algunos segundos sin inmutarse, por fin levanta la cabeza y la echa un poco hacia atrás, elevando al cielo su mandíbula . Entiendo que es su manera de preguntar qué quiero.
Yo: (Enseñando la factura pagada en la caja.) Un pollo.
Despatarrado: (A su compañero.) ¡Psst! Un pollo ahí.
Destazador: (Voltea levemente hacia el despatarrado, con gesto resignado.) Estáis más activo que un tráiler de Bruce Willis.
Posted on March 11, 2010 with 12 notes
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Primero de mayo
En una tienda de repuestos de automóviles. Un muchacho se sostiene la barbilla con la mano —el codo se afinca en el mostrador— y dos mujeres conversan cerca de él. Los tres usan unas chemises con el nombre y el RIF del negocio bordados.
Yo: Buenos días.
Muchacho: (Sin variar su posición.) ¿Qué desea?
Yo: Quería ver si ustedes tienen esta pieza. (Saco de la cartera una pieza de plástico anaranjada de forma indescriptible y que tiene remiendos con pegaloca, alambres e incluso pega para dientes postizos, cortesía del último autoperiquitos que la reparó.)
Muchacho: (Sin levanar la barbilla ni enderezar el cuerpo, pero con cierto interés.) ¿Y eso qué es?
Yo: Esa es la palanquita para abrir la capota…
Muchacho: Ah… Bueno, pero yo de repuestos sí es verdad que no sé nada.
Yo: (Perpleja y empezando a dudar.) ¿Pero y esto no es una tienda de repuestos?
Muchacho: Sí, pero el que sabe es el dueño.
Mujer 1: (Señalando con la boca a un hombre que se ve en la acera de enfrente y que explora con un cliente un carro con la capota abierta.) Es aquel de la franelita morada.
Yo: Ajá, ¿y cómo hacemos?
Muchacho: Bueno, habrá que esperar. Pero yo le voy a decir algo: yo creo que esa pieza no la hay.
(Las dos mujeres aprueban la afirmación del muchacho asintiendo con la cabeza. Un rato después, el dueño aparece, apenas ve un segundo la pieza, busca el repuesto, me lo entrega y me lo cobra, todo en escasos minutos.)
Muchacho: (Enderezado desde que el dueño entró al negocio. Se dirige a mí.) ¿Se fija? El que no sabe es como el que no ve.
Posted on February 22, 2010 with 4 notes
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Géneros
En un autoperiquitos. Un hombre de unos treinta años entra en el local y deja sobre un banco un pesado bolso en forma de cubo. Es un vendedor de películas piratas. Nada más soltar su mercancía, saca un pañuelo pardo de un bolsillo del ancho pantalón vaquero, se seca el sudor de la cara y se sienta al lado de su bolso. Todo en sus movimientos demuestra que es un visitante habitual de este lugar, incluso el hecho de que no salude ni siquiera a la encargada de la tienda, que está ocupada haciendo unas facturas. El hombre toma un ejemplar de Mi Diario de un asiento vecino —“Sin chistar”, dice en letras enormes el titular de primera, refiriéndose al asesinato sin mediar palabra de un chofer de carritos por puesto— y lo hojea hasta detenerse en las páginas centrales. Gira un poco el periódico hacia la izquierda y ladea la cabeza en la misma dirección. Una vez inspeccionada detenidamente la foto de la chica en bikini, deja el peródico a un lado.
Vendedor: ¿Qué fue, y no queréis ver los estrenos?
Encargada: No sé, es que ya te compré el otro día.
Vendedor: Pero aquí traigo las que están en cartelera.
Instalador: (Entrando sin mirar a los lados y dirigiéndose a la empleada para informar sobre el trabajo que estaba haciendo.) ¡Muerto! Ya eso está listo. (Notando de repente la presencia del vendedor.) Ey, qué fue, ¿tenéis Avatar?
Vendedor: No… Me dieron una esta mañana, pero eso se veía muy maluco.
Instalador: ¿Verdad?
Vendedor: Muy oscura. Esperate unos días…
Instalador: Vértale, yo la quería ver porque yo creo que el domingo voy pal cine a verla.
Encargada: ¿Qué tenéis como para mujeres?
Vendedor: (Luego de abrir el bolso, sacar un grupo de películas y pasárselas al instalador.) Tomá pa que vayáis viendo. De mujeres así, tengo La princesa y la rana…
Encargada: Será La princesa y el sapo…
Vendedor: Va pues, ¿y no es la misma vaina?
Instalador: (Mientras va mirando las carátulas que le dieron.) No es lo mismo, es al revés…
Vendedor: Al revés es la película, porque el sapo… la rana…el bicho ese… le da un beso a la muchacha y la convierte él a ella en sapa, ve qué molleja de arrecho.
Instalador: ¡Muchacho, pero no se la destripéis!
Vendedor: ¡Ay, sí, porque ella no sabe!
Encargada: Dame acá, pues.
Instalador: (Fijándose en la portada que le pasa el vendedor a la encargada y notando que se trata de dibujos animados.) ¿Por qué será que a las mujeres le gustan son la películas así… de fantasía?
Vendedor: Ajá, ¿vos te vais a quedar alguna?
Instalador: Dejame esta: Los asesinos ninja.
Vendedor: Esa es buena, esa es buena.
Posted on December 18, 2009 with 3 notes
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Sin numeritos
En una óptica. Un puñado de clientes aguarda su turno frente al mostrador sin orden ni concierto. Llega un hombre cuarentón con su madre. Habla muy alto y acapara la atención de todos nada más entrar.
Hombre: Buenos días, días buenos. Ajá, ¿y cómo nos organizamos aquí? ¿No hay numeritos?
Dependienta: No, es por orden de llegada.
Yo: (Indicando con la mano.) Están atendiendo a esta señora, luego vengo yo, después viene el señor…
Señora 1:…luego vengo yo y luego usted.
Hombre: ¡Alabado sea el Señor! Menos mal que no hay numeritos, porque eso es inhumano; es mejor así, conversando, diciendo quién llegó antes y quién viene después… Y si hace falta, que pase el que más lo necesite…
Cliente: Bueno, pero con los numeritos todo es más ordenado, ¿no? Se hacen menos trampas.
Señora 2: Es verdad, porque… ¿cómo le digo?, todo el mundo sabe que antes del dos viene el uno, ¿sí me entiende? Así se sabe en qué andamos…
Hombre: Bueno, todos andamos en dos patas, y el que es mocho eso es problema suyo. (Breve silencio.) ¿Entonces somos los últimos?
Posted on December 11, 2009
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Esperando el regreso del sistema
En Movilnet, compañía filial de CANTV, comprando de nuevo un teléfono para reponer el móvil robado en el atraco.
Empleado: Ya vamos a estar.
Yo: A ver si hoy se puede, porque ayer, cuando ya estaba todo listo, me dijeron que no me lo podían vender porque la persona que sabía cómo activar la línea suspendida para pasarla a este equipo se había ido temprano.
Empleado: No, no se preocupe, que hoy no va a pasar eso.
Yo: Ojalá.
Empleado: (Poniendo de pronto una cara que ya me va resultando familiar.) Este… Hay un problemita.
Yo: Ya sabía yo…
Empleado: No, es que no hay sistema. Ahorita había, pero se acaba de caer. Váyase por allá y se espera a que regrese el sistema. Yo la llamo.
Posted on November 4, 2009
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Diligencia
En una tienda minúscula de Lago Mall.
Yo: Buenas tardes, ¿cuánto cuestan esos prensa billetes que tienen en la vitrina?
Ella: (Escribiendo en su celular.) Un momentico. (Sigue escribiendo como por un minuto.) Ajá, ¿qué se le ofrece?
Yo: Que cuánto cuestan esos prensa billetes que tienen allí.
Ella: Creo que cuestan cincuenta o sesenta.
Yo: ¿Cuestan cincuenta o cuestan sesenta?
Ella: (Con evidente disgusto por haber tenido que levantarse de su taburete e ir a ver el precio.) Son cincuenta.
Yo: Y si te compro diez, ¿en cuánto me los dejas?
Ella: ¿Cómo así?
Yo: ¿No hay una rebaja por la cantidad?
Ella: No… imagínese, además me deja sin mercancía.
Yo: Ah… Bueno, gracias.
Posted on October 30, 2009 with 1 note
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Me dieron en la madre
En Movilnet de Bella Vista, Maracaibo. Octubre de 2009.
Yo: Buenas, quisiera cambiar mi equipo viejo por uno nuevo y quiero saber cuáles tienen disponibles, sus características y cuál es su precio si soy cliente pospago.
Empleada: Un momentico, madre… (Termina de escribir en su BlackBerry.) Ajá, pero ya no hay descuentos para cambio de equipos.
Yo: ¿No tengo un descuento por mis diez años de cliente?
Empleada: No… eso está suspendido por ahora. Yo no sé en qué está pensando esta gente.
Yo: Bueno, de todas formas quiero saber cuáles son los equipos disponibles y sus precios…
Empleada: ¿Usted ve todos esos equipos que están allá en la vitrina? (Señala con la boca.) Bueno, nada más tenemos uno, el que vale 600 y pico bolívares.
Yo: ¿Uno solo? ¿Y cómo es eso?
Empleada: Madre, es que llegaron equipos hoy, pero están en las cajas. A lo mejor mañana… pero más seguro es la semana que viene.
Yo: Pero… Ajá, y de qué marca, qué tip… ¿UNO SOLO?
Empleada: Bueno, de los CDMA.
Yo: Ah, pero yo lo quiero GSM.
Empleada: Yo le voy a decir una cosa: la cobertura de GSM es pésima. Yo no me compraría un equipo de esos… nuuuuu.
Yo: Entiendo… Muchas gracias.
Empleada: De nada, madre. Estamos para servirle.
Posted on October 16, 2009 with 1 note