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Perfecto
Cerca del mediodía en el Círculo Militar, durante una jornada de expedición de carta médica para conducir. Tengo el número 114 en la lista y llevo esperando desde las 8.30 de la mañana. Voy a ser examinada por una mujer de mediana edad con bata blanca, lentes y un BlackBerry pegado a su oreja. Me pide la cédula y comienza a escribir mis datos a mano en lo que será mi certificado, sin dejar de decir por la bocina del teléfono de vez en cuando ajá, así es, sí, ajá….
Doctora: (Alzando la barbilla para que se vea bien que me apunta con los labios puestos en morro antes de hablar.) ¿Cuál es tu tipo de sangre?
Yo: (Un poco enredada con una carpeta en la que traigo los requisitos solicitados para el trámite: fotocopia de la cédula, fotografía con fondo blanco y carnet con el grupo sanguíneo expedido por un laboratorio.) Un momentico, que aquí lo tengo…
Doctora: (Con gesto impaciente.) No, no, no, deja eso así… ¿No te lo sabes?
Yo: (Pensando con dolor en el dinero gastado en el laboratorio.) Be positivo.
Doctora: (Sin mirarme, pero retirando un poco el teléfono para hablarme mientras me alcanza un rectángulo de plástico.) Tápate el ojo derecho y lee la línea nueve.
Yo: (Con enorme esfuerzo porque no distingo bien las letras) E… o… ge… ele… o… efe… o… e.
Doctora: (Después de unos segundos, al darse cuenta de que terminé, y todavía sin mirarme ni soltar el teléfono.) Ahora tápate el izquierdo y lee la misma línea de atrás palante.
Yo: (Ya entregada.) E… o… erre… efe… pe… o… e.
Doctora: (Extendiéndome el cartoncito con el que debo pasar a una mesa donde me darán el carnet.) Perfecto.
Yo: (Riéndome.) Bueno, perfecto, lo que se dice perfecto, no fue…
Doctora: (Riéndose y mirándome por primera vez y poniendo la bocina del celular hacia arriba para retirarla de su boca.) Bueno, pero sirve…
Yo: (Levantándome.) ¿Y ya no toman la tensión?
Doctora: (Escandalizada.) No, ¡imagínate!, nos tardaríamos todo el día.
Posted on October 12, 2011 with 6 notes
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Aprendiendo a leer
Hospital Clínico, 11.30 de la mañana. En un pasillo, una mujer de unos sesenta años detiene a una muchacha de uniforme azul oscuro. Mostrando vagamente un amplio sobre de plástico de los que se usan para radiografías, y con seguridad dando más explicaciones que las necesarias, la mujer parece preguntar algo. La muchacha no termina de detenerse, sino que todavía a medio andar le señala con un bolígrafo hacia una puerta ubicada unos metros más allá, a la izquierda. La mujer, aferrada al sobre, con paso vacilante camina hasta la puerta blanquísima, donde en una placa se lee: Neurocirugía, y enseguida los nombres de los tres médicos que allí atienden. En un papel blanco pegado un poco más abajo está impreso este mensaje: “Favor NO tocar la puerta. Pacientes en Consulta”. “Anunciarse con la secretaría del servicio de Neurocirugía, por el área de Emergencia”.Gracias!!!! La mujer tarda unos segundos en leer esa información y con el aire de desamparo de todo aquel que se encuentra circunstancialmente en una institución cuyos protocolos desconoce, voltea hacia donde dejó a la muchacha, que está aún en el pasillo conversando con un hombre vestido de blanco. La secretaria por casualidad ve a la mujer desvalida, que la mira desconcertada y le señala la puerta, y asiente para confirmar que es allí donde debe tocar la señora.
Señora: (Alzando un poco la voz, pero tratando de ser discreta.) ¿Aquí es? Pero aquí dice…
Muchacha: (Enfatizando con la cabeza y haciendo el gesto de tocar con los nudillos.) Sí, es allí, toque, toque…
Señora: (Temerosa.) Pero aquí dice que no se toque la puerta…
Muchacha: (Un poco impaciente, pero sin rudeza.) Usted toque ahí. Eso lo pusieron para que la gente no ande tocando, pero tranquila, la doctora está ahí…
Posted on May 9, 2011 with 11 notes
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Réquiem
En el cementerio Jardines La Chinita. Los deudos y amigos nos agrupamos alrededor de la fosa, escuchando al sacerdote que salpica el féretro con agua bendita y dice unas últimas palabras. Al terminar, discretamente hace una seña con la cabeza a los enterradores para que procedan. Uno de los tres hombres ataviados con franelas rojas (en una de ellas se lee aún, pese a lo ajada, “Uh, Ah, Chávez no se va” y alguna otra consigna) enseguida chifla sin ninguna ceremonia para atraer la atención de los otros y bajar la urna. Mientras todo esto ocurre bajo el sol lacerante del mediodía, una señora se acerca al callado grupo en el que apenas se escuchan las instrucciones que intercambian los obreros y el ruido del cemento al ser frisado. Quienes asistimos a la sepultura, tenemos la cabeza gacha, pero poco a poco vamos levantándola al oír la voz de la recién llegada, que canta. Al alzar la vista, descubrimos a la desconocida, una mujer que aparenta unos cincuenta años y se ha parado un poco atrás del grupo. Tiene las manos cruzadas a su espalda, una gran cartera marrón colgada del hombro izquierdo y llevada hacia la espalda por la presión de los brazos, y viste una blusa larga marrón con flores estampadas en anaranjado y blanco y pantalones marrones. Pero la nota llamativa de su atavío está en su cabeza, donde para protegerse del sol se ha extendido una prenda de tela color celeste muy saturado que a primera vista a todos nos parece una pantaleta, pero luego, cuando en nuestra perplejidad observamos mejor a la mujer, corroboramos que en realidad se trata de un sostén.
Mujer: (Cantando al comienzo en voz baja, pero poco a poco con mayor vigor.) Señor, me has mirado a los ojos / sonriendo, has dicho mi nombre / en la arena he dejado mi barca / junto a ti, buscaré otro mar…
Cuando la mujer termina de cantar, en medio de un silencio embarazoso y un intercambio de miradas de ojos llorosos, arranca a hablar; probablemente recita un salmo que no alcanzo a oír porque la hija de la difunta se queja de que ella quisiera decir unas palabras en el entierro de su madre pero la espontánea ni siquiera se lo permite. En ese momento, uno de los amigos se acerca a la señora.
Amigo: Señora, por favor, ¿podría terminar? Aquí la familia quiere decir unas palabras y no puede…
Mujer: Ya yo terminé, ya yo terminé… (Otro de los presentes, diligente, le desliza un billete entre las manos, pero ella permanece aún unos segundos sin moverse, esperando más.) Se les agradece una colaboración… (Ya para este entonces, se ha quitado el sostén de la cabeza y se lo ha puesto sobre un hombro, como quien tiene la costumbre de alimentar bebés o de cocinar y tener un trapo a mano para cualquier eventualidad.)
Posted on January 15, 2011 with 9 notes
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Inventando y errando
Una agencia del Banco Bicentenario, hace unas dos semanas, alrededor de las 10 de la mañana. En la cola hay muy poca gente, pero el cajero demora una eternidad con los clientes, pues cada uno le plantea un caso que debe consultar con sus superiores tras bambalinas. Después de una larga espera, me toca finalmente el turno para depositar lo que me cuesta una copia certificada de un documento de traspaso de un carro. Traigo la planilla impresa en la notaría pública correspondiente, donde constan mis datos, el importe que debo pagar y la lista de los bancos y los números de cuenta en los que puedo depositar la suma, entre ellos el Banco Bicentenario.
Yo: (Entregándole al cajero la planilla y su fotocopia.) Buenos días.
Cajero: (Sin mirarme, terminando de escribir algo.) Buenos días. (Alza la vista y toma la hoja que le acabo de dar. De inmediato, arruga la cara.) Ah… usted viene a depositar para una notaría… Yo le voy a decir una cosa, ¿no?, estamos teniendo unos problemitas con algunas notarías…
Yo: ¿Cómo que “problemitas”? ¿Qué problemitas?
Cajero: No, es que algunas notarías no quieren recibir los depósitos de aquí. La del centro, por lo menos, no quiere recibir los depósitos de nosotros porque no tenemos sello de caucho nuestro porque no nos ha llegado de Caracas, y entonces ellos no quieren recibirle a la gente la planilla así. Ya hemos tenido algunos casos…
Yo: (Furiosa, pero contenida.) Ya va, un momentico: ¿usted me está diciendo que una notaría, que es una entidad pública, me manda a pagar en este banco, que es un banco del Estado, pero me puede rechazar el depósito hecho en este banco, adonde la misma notaría me mandó a pagar, porque este banco no tiene un sello de caucho para poner en sus planillas?
Cajero: Bueno, yo se lo digo para que usted sepa, no vaya a ser…
Yo: O sea, que usted me está diciendo que si yo deposito aquí puedo perfectamente perder el tiempo y los cobres…
Cajero: (Ladeando la cabeza hasta casi pegarla con el hombro y entrecerrando los ojos, como minimizando el problema.) Bueno, no, perder los cobres no, no, no… algo se inventa.
Posted on September 20, 2010 with 14 notes
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No es serio este cementerio (II)
La misma oficina del cementerio Jardines La Chinita, donde se informa sobre los estados de cuenta de la cuota de mantenimiento. Poco a poco se ha llenado de gente que recala allí después de dar muchas vueltas. Todo el mundo lleva en sus manos carpetas o papeles. El lugar tiene dos escritorios y poco mobiliario más. Pero en la pared del fondo ya está pegado un llamativo afiche en el que predomina el color rojo. En él se ve una fotografía del Presidente y una leyenda en gruesas letras.
Hombre en la cola: (Apoyado en una pared, lee en voz muy alta el cartel después de un sonoro suspiro.) “Aquí no se rinde nadie. Aquí no se cansa nadie”…
Mujer: (Señalando con el dedo gordo izquierdo el camposanto que se ve a través del ventanal.) Será allí, porque lo que es aquí estamos hartos todos.
Posted on August 18, 2010 with 2 notes
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Cuestión de vigilancia
Cerca de mediodía en el semáforo del Maczul. Dentro del taxi hace mucho calor. El pequeño carro chino carece de aire acondicionado y, en vez de vidrio, en una de las ventanas traseras exhibe una bolsa de plástico negra sostenida con abundante cinta plástica. El chofer lleva un pañuelo que cuando no está apretado contra el volante está secando la cara y cuello del hombre.
Yo: (Sorprendida al ver que el semáforo funciona.) ¡Ah, pero está funcionando! Cuando pasé por aquí en la mañana estaba malo, pero ayer pasé cuatro veces y dos veces funcionaba y dos veces no…
Chofer: (Sentencioso.) Él viene y va.
Yo: ¿Cómo es eso?
Chofer: Bueno, los policías ya saben. Con una piedra le dan al tubo ese que está ahí, ve (señala el poste que sostiene uno de los semáforos), y se empareja por un ratico. Pero a lo que se voltean se vuelve a dañar. Ahorita seguro se daña porque no veo ningún policía por aquí.
Posted on May 6, 2010 with 4 notes
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Un estremecimiento
Hace algo más de tres años. Aeropuerto Internacional de La Chinita. Último vuelo de la noche, procedente de Miami. El cinéfilo trae en su equipaje tres decenas de videos, casi todos de películas de los años cuarenta y cincuenta que no puede conseguir en Venezuela. Es lo único que ha comprado en su viaje. La pequeña maleta del cinéfilo es una de las últimas en salir por la cinta rodante. Un guardia nacional abre su equipaje. Ya queda poca gente en la sala de llegada.
Guardia: (Viendo las películas entre las franelas y los interiores.) ¿Y esto qué es, papá?
Cinéfilo: Unas películas.
Guardia: Ah… ¿Y tú tienes un club de video?
Cinéfilo: No. Esas son películas para mí.
Guardia: Tú como que tienes un negocito…
Cinéfilo: No, vale. Mire esas películas. ¿No ve que muchas son en blanco y negro? ¿No ve que esas son películas raras, que no le interesan a nadie? ¡Qué voy a estar yo quemando eso, si nada más que las quiero ver yo!
Guardia: Ajá, pero yo tengo que decomisar esto…
Cinéfilo: (Entendiendo las intenciones.) Ajá, ¿y no se puede hacer nada?
Guardia: No sé… No sé, ofréceme algo que me estremezca.
Cinéfilo: Yo lo que tengo aquí son cien…
Guardia: (Poniendo cara de sacrificio.) Bueno, porque es tarde y para que no tengas problemas. (Viendo que el cinéfilo hace ademán de buscar su cartera.) ¡Guarda eso, guarda eso! Cuidadito, que no vean que te estoy haciendo el favor. Ándate para el baño y me los das allá.
A petición de P.V.
(Contado por el cinéfilo a la salida del aeropuerto).
Posted on January 28, 2010
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Esto no es una cédula; esto es un acto de fe.
Un profesor universitario jubilado cuando le entregaron una cédula desvaída, en la que le costaba reconocerse, durante un “operativo” de cedulación.Posted on November 28, 2009 with 2 notes
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Plegarias surrealistas
En la compañía de seguros, terminando de entregar los papeles para reportar el robo del carro. Una mujer, amable y servicial, me atiende.
Yo: ¿Y qué pasa si aparece el carro?
Empleada: (Acercándose y mirándome con conmiseración.) Ruéguele a Dios que no aparezca, porque entonces le viene el calvario de la Fiscalía.
Posted on November 10, 2009
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Medicina vial
Viernes 6 de noviembre. En algún punto de la intercomunal entre Cabimas y la Rita. Unos fiscales parados en medio de la vía, en una equívoca alcabala. El incauto detiene su carro y baja el vidrio.
Incauto: Buenas tardes.
Fiscal: ¿Usted es doctor?
Incauto: (Sorprendido, pues no lleva nada que lo identifique como tal en el carro.) Sí…
Fiscal: ¿Traumatólogo?
Incauto: No, internista.
Fiscal: Ah… Mire, doctorcito, aquí sí tenemos sed… estamos viendo a ver si nos dan algo para los refrescos, para comernos una chuleticas…
Incauto: (Sucumbiendo al descaro y a la gracia del fiscal.) Está bien, amigo, tome. (Saca de la cartera diez bolívares.)
Fiscal: Gracias, mi dóctor… (Se queda mirando un disco compacto que el incauto lleva a la vista, y lee en voz alta.) Juan Diego Flórez… ¿Ese qué es? ¿Música instrumental?
Incauto: No, no, él canta ópera.
Fiscal: ¿Ah?
Incauto: Que él canta ópera.
Fiscal: ¿Qué?
Incauto: Ópera.
Fiscal: ¡Ah, ópera!… (Después de una pausa incómoda, a modo de despedida.) Bueno pues…
Contado por el incauto.
Posted on November 7, 2009
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Sin cartuchos
Sede de “Tránsito”. Un despacho improvisado en lo que probablemente era una habitación de servicio en esta casa convertida en oficina pública. Tres escritorios embutidos en el reducido espacio. Tres funcionarios vestidos de marrón y beige, con el uniforme de los fiscales. Me recibe la denuncia de robo de vehículo uno de ellos, el más jovial.
Yo: ¿Y cuánto tengo que esperar para que me den el reporte?
Fiscal: Ah, no, eso no se lo podemos dar horita. Será mañana a las dos de la tarde.
Yo: Pero si sólo tiene que imprimirlo, ¿por qué no me lo puede dar ahora?
Fiscal: Señora, lo que pasa es que esta impresora que usted ve aquí (pone su mano derecha sobre una HP de inyección de tinta que está encendida sobre su escritorio) me dice que se le atascó el papel y ni prende, ni apaga y yo ya ni la miro. Y aquella no sirve (señala la del escritorio tras de sí) y aquella otra no tiene cartuchos (apunta hacia la del tercer escritorio.) Así que será mañana en la tarde. (De inmediato, cierra sus manos en dos puños que eleva hacia sus pectorales, con los antebrazos flexionados, y los mueve según el ritmo de alguna melodía guapachosa que suena en su cabeza, sin mirar a ninguna parte en concreto. Luego grita.) ¡Llévatelo!
Posted on November 5, 2009
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Prestancia
Vereda del Lago. Unos policías se forman frente a quien parece ser su comandante.
Comandante: Atención, ¡firrrrr! (Pausa.) ¡Firrrr! (Pausa y luego observa a dos rezagados que se incorporan con desgano a la formación.) ¡FIRRRR! (Mirando ahora a uno que está conversando con el policía de al lado.) ¡Ey, mamarracho: FIRRRR!
Posted on November 5, 2009
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Queda de usted
En el CICPC, luego de un atraco a mano armada que incluyó robo de carro.
Yo: (Después de concluida la denuncia, durante la cual la funcionaria ni siquiera me miró una vez.) ¿Alguna recomendación, algo que deba saber o hacer?
Funcionaria: (Mirándome por primera vez, enfurruñada.) ¿Como qué?
Yo: No sé… ¿Qué debo hacer si me llaman para pedir rescate, por ejemplo?
Funcionaria: Ah, no… ya eso queda de usted… si quiere recuperar el carro y pagar rescate, ya eso queda de usted.
Posted on November 2, 2009