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Pistoneando
Martes a media mañana. Se montan en mi carro los mecánicos que una amiga y yo hemos ido a buscar. Uno es voluminoso y callado; el otro, menudo y locuaz. Después de los saludos de rigor, mi amiga quiere saber por qué no han podido ir, como le habían prometido, hasta el lugar donde está el carro accidentado.
Amiga: (Dirigiéndose al locuaz.) ¿Y entonces?, ¿andas sin carro?
Mecánico: Más o menos.
Amiga: ¿Cómo es eso?
Mecánico: (Con sorna.) Es que tengo es un carrito brollero. Eso nada más lleva y trae.
Posted on March 14, 2013 with 3 notes
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Cuesta abajo
Jueves en la tarde, en la sede de Directv. Un hombre bajo se acerca con paso apurado y un decodificador debajo del brazo. Se detiene justo frente a mí y mira alternativamente la pantalla que indica los números de los clientes que están siendo atendidos y el papelito con su número.
Hombre: (Sentándose a mi lado y poniendo el decodificador sobre sus rodillas.) La mujer mía se irá a quedar sin compra, porque aquí me faltan como tres rosarios para que me toque. (Señalando con el morro mi decodificador.) ¿Y qué le pasa al enfermo?
Yo: Problemas con el audio.
Hombre: Ojalá y el mío fuera eso. No, qué va. Ya yo he venido como mil veces porque esta vaina no sirve. (Enfatiza negando con la cabeza.) Pero es que no sirve no sirve. Los muchachos míos ya me tienen atormentado.
Yo: ¿Y aquí qué le dicen?
Hombre: ¡Nada! Me dan un vaporub y que tal y que cual, que el bicho está bueno, que ahora sí y me lo devuelven. Y cuando llego a la casa, nada. Yo lo que digo es que me lo cambien, pero nada. ¿Sabe lo que hice? Agarré la molleja esta y la tiré por las escaleras… plum plum plum… allá fue esa verga, pa ver si ahora sí me lo cambian. (Agarra el decodificador y lo observa por todos los costados.) Chico, y ni un rasponcito, ve. Ojalá que aquí ni encienda.
Posted on January 20, 2013 with 8 notes
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Lampacea, fija y da esplendor
Sábado en la mañana, en una panadería convertida en minimercado. En uno de los estrechos pasillos, una mujer con el pelo recogido bajo un gorro y calzada con botas de seguridad lampacea. Otra empleada está muy cerca, revisando anaqueles y haciendo anotaciones en una carpeta.
La que anota: (Monocorde, sin pausa, mientras aparenta estar muy concentrada en sus notas.) Lampacear, lampacear, lampacear, lampacear, lampacear, lampacear…
La que limpia: (Sin quitar la vista del suelo, en el mismo tono y al mismo tiempo que su compañera.) Coletear, coletear, coletear, coletear, coletear, coletear…
La que anota: (Interpelándome, al darse cuenta de que voy pasando y no he escuchado su conversación previa al intercambio de infinitivos.) ¿No es verdad, señora? Si uno está aquí, ¿cómo se llama eso? (Apunta con la barbilla a la actividad de su compañera.)
Yo: (Divertida.) ¡Lampacear!
La que anota: ¡Claro que lampacear! (Dirigiéndose a la que limpia.) No vais a hacer como el sobrino mío, que es de allá de Maracay, y dice: “Tía, pásame las cholas”. Y yo le digo: “¡Qué es eso, muchacho! Eso no se dice ‘cholas’, se dice ‘cotizas’. Chola es lo que tiene usted ahí en el medio”.
Posted on October 27, 2012 with 2 notes
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Ciencia ficción
Sábado en la mañana, en una tienda de videos. Un hombre de unos treinta años espera por unas películas que ha encargado con antelación. Por la forma en que se conduce, queda claro que es un cliente habitual. Después de unos minutos pendiente del monitor en el que se exhibe algún capítulo de la teleserie colombiana Pablo Escobar, descubre en uno de los pasillos del local a uno de los empleados.
Cliente: (De brazos cruzados, descargando el peso de su cuerpo sobre su cadera apoyada contra el mostrador.) ¿Qué fue, y ya viste Prometheus?
Empleado: (Mientras va acomodando una pila de películas en la atestada estantería.) Sí, chamo, ya la vi. Yo te voy a decir una vaina: es buena y tal, pero tampoco es así gran verga.
Cliente: Bueno, pero por lo menos los mojones los hicieron más científicos.
Posted on October 15, 2012 with 7 notes
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Buffering
A media mañana en un banco. Los clientes forman corrillos cerca de los afortunados que han conseguido asiento. Muchos miran ansiosos las pantallas donde se anuncia el número que será atendido. Una mujer sentada trata de entretener a su nieto, que se escurre de su regazo fastidiado con la espera. La abuela, después de haber probado varias maniobras, termina haciendo rebotar las manos del niño en sus propias manos, cuyas palmas expuestas impulsan los puños del pequeño marcando el ritmo de una cancioncilla que la mujer improvisa sobre la marcha.
Abuela: Estas mani-tos / son las mani-tos del jugui-to… Estas mani-tos / son las mani-tos del vasi-to… Estas manit-tos / son las mani-tos del tenedorci-to… Estas mani-tos / son las mani-tos de… (Hace una pausa forzada, tratando de agregar otra función a las manos del nieto.)
Nieto: (Completando la cancioncilla de la abuela.) … son las mani-tos del DS.
Posted on September 15, 2012 with 9 notes
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Cédula
Madrid, avanzada la mañana, en las cercanías del Palacio de Oriente. Como parte de un trío de paseantes, un venezolano que vive en España entretiene a los otros dos con una anécdota. Otro pequeño grupo de gente avanza en dirección opuesta. En él destaca una mujer entrada en la treintena, ataviada con pantalones pescadores rosados, sandalias y lentes oscuros.
El de la anécdota: (Hablando en voz alta, metido en su relato.) …¡Y el tipo lo que quería es que me bajara de la mula!
La de los pescadores: (Al cruzarse con el trío, señalando con el índice por encima de su hombro y con inconfundible acento caraqueño) ¡Venezolano!
Posted on September 6, 2012 with 8 notes
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Culé
Verano, mediodía, barrio Sants de Barcelona. Nos detenemos frente a una tienda de vinos de la cual dos de mis acompañantes hablan maravillas. Está cerrada por vacaciones. Frente a nosotros pasa un hombre que se acerca al vernos conversando frente a la santamaría bajada. Tiene alrededor de setenta años, mala dentadura y un leve tufo a alcohol. Luego, por su larga cháchara, sabremos que es vecino del barrio.
Hombre: (Con acento fuerte pero indescifrable, mientras señala la tienda con complicidad.) Buen vinito, ¿eh? Muy buen vinito. Aquí hay de lo mejor. Esto es muy conocido. Hace poco estuvo aquí Serrat (Con gesto condescendiente, para que entendamos.) …el del Barça. El que canta, el de las canciones… pues ese, el del Barça.
Posted on August 29, 2012 with 2 notes
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Con calmita
Dentro de la pequeña agencia bancaria, serpentea una cola de unas treinta personas. Frente a una de las dos únicas taquillas, hay una segunda cola llena de cabezas blancas. Un hombre muy mayor, apoyado en una andadera, no espera turno en ninguna de las dos, sino que aguarda una oportunidad para pasar directamente a la taquilla. Mientas tanto, mantiene una animada conversación genérica con la gente cerca de él. Conversa con tanto placer que en dos oportunidades los clientes que encabezan las colas le han cedido el turno sin que él se dé por aludido. Finalmente, cuando se retira un cliente más de una de las ventanillas, varias personas le dicen con impaciencia que pase, que la taquilla está libre, y él por fin hace caso.
Hombre: (Caminando con suma dificultad, ayudado por su andadera, y hablando alto.) ¡Calma, calma, que les va a dar algo! Ya uno ni puede hablar tranquilo con la gente… Con calmita, que aquí el patuleco soy yo.
Posted on July 23, 2012 with 8 notes
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Libre
Viernes, diez y media de la mañana. En la entrada posterior del Sambil, se estaciona un taxi blanco en espera de clientes. Apenas hay gente. Se abre la puerta y se apea el conductor, un hombre canoso y barrigón que se despereza con un potente gruñido y las manos cerradas en puño, una de ellas apuntando al cielo, como un héroe de cómic.
Taxista: (Luego del gruñido, a gritos y alzando los dos brazos en forma de V.) ¡A mamar, que llegó Tío Rico!
Posted on July 14, 2012 with 4 notes
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…y progreso
Sábado, 4.30 de la madrugada. En la oscuridad apenas herida por la luz amarillenta de un poste, la calle se vuelve animal y suenan solo trinos y ladridos esporádicos. A ellos se suma el quejido cadencioso de una bicicleta que aparece en escena, circulando por el centro de la calzada con una bolsa plástica blanca amarrada al manubrio. El hombre que la conduce se ha remangado las perneras del pantalón para que no se le enreden en los pedales. Va en chancletas. Los ladridos arrecian a su paso y aún más cuando se desvía, sube la acera y se detiene casi bajo el farol. Recuesta la bicicleta en el muro de una casa, se para frente a la pared con las piernas bien separadas, apoya en la cerca su mano izquierda y en ella descarga todo su peso, mientras con la derecha se ocupa de abrir la bragueta y dirigir el chorro de orina. Entretanto, tres perros callejeros se acercan a ladrarle, más juguetones que amenazantes.
Ciclista: (Sin dejar de orinar, mirando sobre su hombro y manoteando hacia los perros con la mano izquierda, en cortas ráfagas, para no caerse.) ¡Shu! ¡Shu! ¡Orden, pues! ¡Orden! ¡Orden! ¡Orden, pues!…
Posted on May 19, 2012 with 5 notes
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Emoticonos
En una tienda de electrodomésticos al final de la tarde. El empleado, sentado frente a una computadora, busca el precio de la secadora de ropa por la que estoy preguntando. Es un hombre en la segunda parte de sus treinta años y tiene el codo apoyado en el brazo de la silla y la mano en la cara, con el dedo índice como bigote.
Yo: (Sentada en otra silla frente a él, con el escritorio de por medio.) ¿Y es fácil de instalar?
Empleado: (Retirando la mano de la cara y poniendo gesto de sorpresa.) ¡Eso es un momentico! (Gira un poco la silla para buscar algo, pero se endereza de inmediato y con brusquedad al percatarse de un posible problema.) ¿Cómo es el enchufe de la casa?
Yo: No sé, es de 220… ¿Cómo que cómo es?
Empleado: ¿Es chino triste?
Yo: (Perpleja.) ¿Chino triste?
Empleado: (Dibujando en el aire con sus índices dos rayas oblicuas como un techo de dos aguas y repitiendo el dibujo con insistencia.) ¡Chino triste… chino triste!
Yo: (Comprendiendo la referencia, finalmente.) Ah… sí, es chino triste.
Empleado: Bueno, entonces eso no tiene ciencia, es un momentico.
Posted on March 14, 2012 with 14 notes
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Animación
En la panadería, sábado. Una niña de quizás tres años avanza dando brinquitos por los pasillos. Su disfraz es difícil de descifrar. Sus cabellos enmarañados sostienen una corona plateada con fina pedrería de plástico. Su cuerpecito cilíndrico está forrado con un leotardo rosado de lycra. De su espalda sobresalen dos alas hechas con alambre y tul enganchadas a una especie de arnés de cintas rosadas. En sus pies brillan unas sandalias plateadas con una gran hebilla dorada como adorno. Tiene los ojos pintados con sombras azules, las mejillas con colorete, y los borrones de carmín que rodean sus labios hacen suponer que estos también estuvieron pintados hasta hace poco. Pero sin duda, la pieza más importante del disfraz la lleva en la mano: un delgado palo forrado en papel de aluminio en uno de cuyos extremos han clavado una estrella de cartón plateada. La madre de la niña está esperando su pedido en la sección de charcutería y con frecuencia busca con la mirada el paradero de su hija. La niña va deteniéndose aquí y allá frente a la mercancía apilada en las estanterías y murmurando le va dando golpecitos con la estrella de su varita a un paquete por aquí, a un botellón por allá. Cada vez, luego del conjuro, se queda quieta por unos segundos y observa en silencio los objetos. Concentrada en lo suyo, se va acercando a mi lado sin reparar en mí. Justo a mi vera, repite la operación con unas bolsas de chucherías y obtiene el crujido del celofán como respuesta. Al cabo de los dos segundos de rigor, cuando ya mira hacia su próxima tarea, las bolsas se desparraman y algunas caen al piso. La niña se queda muy seria viéndolas un momento y luego alza la vista hasta dar con mi cara. Sus ojos están muy abiertos.
Niña: (Mirándome entre curiosa y asustada y señalándome con su dedito.) ¿Tú?
Yo: (Poniendo cara de sorpresa.) No, yo no.
Niña: (Corriendo, después de una brevísima meditación mirando las bolsas.) ¡Mamiii!
Posted on February 20, 2012 with 5 notes
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Rebajas
En una tienda de ropa femenina en Lago Mall, 11 de la mañana. Una mujer de edad indefinible pasea por el estrecho pasillo hablando en voz muy alta por su BlackBerry con un acento que pretende ser caraqueño. Lleva colgada del antebrazo una voluminosa cartera de marca, viste ropa de gimnasio, es muy delgada y su larga cabellera está recogida en una cola de caballo.
Mujer: (Hurgando entre los percheros con sus larguísimas uñas decoradas con lunares verdes.) No… no… te estoy diciendo que eso se tarda mucho. Acuérdate de la vez que tuvimos que sacar el papel aquel, el bicho, la cosa aquella de defunción… el certificado de defunción. Acuérdate que eso se tardó yo no sé cuánto en el ministerio tal, luego en el ministerio cual, luego en el de… (Escuchando a su interlocutora mientras asiente con una sonrisa, como excusándose con las otras compradoras que rebuscan entre las rebajas.) Bueno, mira, te estoy diciendo que eso se tarda mucho y no va a llegar a tiempo a Houston… (Nueva pausa durante la cual mira al techo, impaciente.) Mi amor, de verdad que te quiero ayudar, pero… Te estoy diciendo que no vas a poder presentarla porque no te van a llegar los papeles a tiempo. (Haciendo gestos de hartazgo para su público cautivo.) Bueno, mijita, ¡haces como los maracuchos, que presentan al muchacho, lo bautizan, le pican la torta, la primera comunión, toa verga junta! (Vuelve a mirar a la concurrencia con la sonrisa de disculpa.)
Posted on January 22, 2012 with 5 notes
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Aguinaldo
Cerca del mediodía, 24 de diciembre, en una panadería. Un hombre desdentado, calzado con cotizas de plástico y vestido con ropas dos tallas más que las necesarias para cubrir su delgado cuerpo, acerca su cara a la de la cajera que lo atiende y le susurra a la mujer algo que el resto de la clientela no escucha.
Cajera: (En voz alta, luego de un leve empujón al cliente, a quien evidentemente conoce.) ¡Cómo hicierais, Chúo, si a vos eso no se te levanta ni con grúa! (Dándole el vuelto.) Te voy a buscar una horquetica, a ver si así… ¡Es que ni que te comáis mil chipichipis! Eso está caduco, está triste de mirar pal suelo.
El hombre se ríe en silencio durante toda la respuesta de la cajera, y después de recoger su bolsa, introduce unas monedas en un pote de plástico ubicado al lado de la caja registradora, forrado con papel de regalo de motivos navideños.
Cajera: (A todo pulmón, sin hacer casi pausa entre lo que respondía a las insinuaciones del hombre y sus próximas palabras.) ¡POOOOTEEE!
De todos los rincones de la panadería surge un coro de empleados que chilla ¡GRAAACIAS! Le sigue un jolgorio hecho de improvisada percusión, aplausos y un claxon que revienta los tímpanos en el local cerrado. El hombre me mira sonreído, menea la cabeza en señal de reprobación y señala con el pulgar a la cajera mientras levanta la comisura izquierda de sus labios.
Posted on December 28, 2011 with 4 notes
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De colores
Lunes, cinco de la tarde. Un cepilladero está parado frente a la salida de un supermercado en Delicias. El hombre tiene apoyado un pie en un pedal de la bicicleta mientras toca sin parar el claxon de su carrito rojo y blanco, compitiendo con el amasijo de sonsonetes que escupen las cornetas ubicadas frente a varios locales del centro comercial. Del supermercado sale con paso firme y sin bolsas un hombre cuarentón, grueso y muy perfumado que se detiene cuando ve al cepilladero. De inmediato cambia su curso y antes de llegar a su destino ya comienza a gritar.
Cliente: ¡Cepillaero, dame rapidito un cepillao de rojo ahí!
Cepilladero: (Sin moverse.) De colita no me queda ya.
Cliente: ¿Ah? ¿No hay de rojo? ¡Ah, vaina, chico, y ese es el que me provocaba, ve! (Estirando el cuello para ver bien las botellas con líquidos de colores y haciendo sonar las llaves del carro, que lleva en su mano.) No, del amarillo ni de verga, esa vaina es muy maluca. Dame uno de verde ahí, pues.
Cepilladero: (Armándose con su cepillo de metal para raspar el mermado bloque de hielo de que dispone.) ¿De menta?
Cliente: ¿¡De menta!? Si vos decís…
Posted on December 20, 2011 with 5 notes