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Alegoría
Vereda del Lago al amanecer. Un hombre está sentado en un banco de piedra. Sus ropas son holgadas y del color de la miseria. Frente a él, un convite de palomas picotea unas migas de algo que el desposeído les va suministrando. Me ve venir, y en la disposición de su cuerpo noto la ansiedad por que termine de acercarme. Cuando juzga que puedo oírlo, habla como si la conversación llevara ya un rato.
Hombre: (Apuntando con la barbilla hacia las palomas.) Digo yo, ¿no?, que eso es como decir la paz, así, en medio de ese… de ese vainero.
Le sonrío todavía sin entender bien, hasta que detallo que en medio del conjunto de palomas en distintas gamas de grises, con sus cuellos irisados, sobresale una más corpulenta y completamente blanca, vigilante, sin inclinarse para comer, con su pescuezo basculando en alto y sus ojos nerviosos.
Posted on February 3, 2012 with 6 notes
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Princesa
Vereda del Lago, poco después de las siete de una mañana de domingo. En un bohío cercano a unos columpios y toboganes, un hombre habla por su celular. Debe rondar los treinta y cinco años y va vestido con franela, bermudas de caqui, medias deportivas y zapatos de goma. Usa una gorra de los Yankees de Nueva York. Su voz gruesa y potente retumba en el silencio del parque y contrasta con el interior de la choza, decorado con cadenetas de papel de seda y moños hechos con cintas rosadas, celestes y blancas. Hay allí una mesa con un mantel fijado con tachuelas, sobre el cual están dispuestos con esmero cubiertos de plástico, platos, botellas de refresco y una gran bandeja de acero ribeteada en rosado. Varios recipientes con tapa se apilan a un costado de la mesa y encima de una cava portátil. Una de las cuatro bancas de granito del lugar la ocupa un equipo de sonido conectado con cinta plástica a un cable cuyo origen se pierde en la maleza circundante. Del techo, pero no en el centro, cuelga una piñata con forma de una princesa de Disney cabezona, rubia y contrahecha.
Hombre: Ajá, ya esta verga está lista. (Pausa. Luego habla apartando el aparato de su oreja y acercándolo a la boca como si fuera una armónica.) No, no, no, no… Vos dijiste que a las siete y media. (Acerca el teléfono de nuevo a la oreja. Pausa.) Ve a ver qué hacéis, vos dijiste a las siete y media. Esa verga no es problema mío. (Mientras escucha la respuesta, se acerca a uno de los moños adosados a las columnas del bohío, pasa a aprisionar el teléfono entre la oreja y el hombro para liberar las manos y con ellas ahuecar los lazos y cintas hasta que queda satisfecho.) Yo no sé qué vais a hacer. Vos dijiste a las siete y media, ¿por qué no buscaste la torta ayer? Yo te dije. (Camina un poco, se acerca a la piñata y le sacude alguna mota de polvo para luego detener su bamboleo sujetando sus caderas con delicadeza.) Qué bolas tienes. ¿Y ya se levantó? ¿Le diste el regalo, la muñeca, la vaina…? (Pausa. Esboza una sonrisa que no se trasluce en la voz.) ¿Verdad?… Bueno pues, pero no vengáis después de las ocho, ocho y media, ve que tengo juego.
Posted on November 13, 2011 with 11 notes
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Punto de partida
Jueves alrededor de las 6.30 de la mañana en la Vereda del Lago. El sol empieza a calentar y a la vera de un sombreado paraje de la caminería interna, el silencio que matizan los pájaros carpinteros empeñados en tallar los postes de luz se ve interrumpido por un sonido familiar: unas piedras de dominó que se estrellan periódicamente contra una superficie dura. En donde debió ir un bohío que nunca se levantó, y protegidos por unas frondosas acacias, cuatro hombres cercan una mesa de concreto que les llega a la altura de la cadera y está erigida sobre un pilar de cemento y ladrillos. Sin proferir palabra, alternan su atención entre las piedras que ocultan en una mano y las que están descubiertas sobre la superficie de la mesa. Todos tienen entre treinta y cuarenta años. Uno de ellos viste camisa de manga larga; dos llevan terciados los envases negros de sus viandas. Un quinto hombre, mayor que los otros, está sentado en uno de los cinco bancos que sirven de límite al imaginario bohío. Lee el periódico, el cual sostiene frente a sí con los brazos abiertos y sin apoyo. En un momento en que el ruido de las piedras aumenta y el intervalo entre jugada y jugada disminuye, el quinto hombre detiene momentáneamente la lectura. Baja un poco el periódico y mira al grupo por encima de las páginas. Al corroborar que la partida prosigue, libera por un segundo una mano, mata a un mosquito en uno de sus brazos y retorna a la lectura.
Quinto hombre: (Replegado de nuevo tras el periódico, con tono cansino.) Vai, apúrense pues.
Posted on June 19, 2011 with 4 notes
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Mancha
Vereda del Lago, amaneciendo. Un perro castaño claro sin raza definida sale corriendo del puesto de alquiler de bicicletas que le sirve de hogar. Viene a saludar a mi perra. Sus movimientos torpes, su despreocupación y su exuberante alegría lo delatan como un cachorro, aunque dobla en tamaño a su nueva amiga. En él llaman de inmediato la atención las filas de pintas rectangulares más o menos simétricas y uniformes que cubren su lomo y le dan una apariencia extraña, como de un venado muy joven moteado con manchas pardas en vez de blancas como Bambi. El encargado de las bicicletas, un joven plácido, muy sonreído, se apoya en la baja cerca del local para ver a los perros retozar. Habla con suavidad, casi sin mover la mandíbula, con acento guajiro.
Yo: (Señalando al perro.) ¡Mi alma, él sí es raro, con esas manchas!
Encargado: (Riéndose.) Esas se las pintan…
Yo: ¿Cómo que se las pintan?
Encargado: El patrón coge y se las pinta, y cuando se caen se las pinta otra vez…
Yo: (Riéndome.) ¡Con razón que el otro día se las vi como rojas! Yo pensaba: “¿Será sarna?”
Encargado: ¡No, qué va! Esas se las pinta el patrón, a veces de un color, otras veces de otro color…
Yo: (Señalando de nuevo al perro, que no para de corretear, feliz.) ¿Y cómo se llama?
Encargado: Mancha. Le pusieron Mancha por eso…
Las perras —porque ahora veo que Mancha es hembra— continúan olisqueándose, pero al cabo de un rato la mía se harta y sigue su camino. Mancha se queda mirándola, decepcionada.
Encargado: (Hablándole a la perra, divertido.) Se te fue la jevita…
Posted on October 31, 2010 with 6 notes
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De madrugada en la Vereda del Lago, con luz o sin luz.
Posted on January 23, 2010 with 2 notes
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Hombres de mucha fe
Vereda del Lago, 6 de la mañana. Un hombre de unos treinta y cinco años camina con otro de similar edad. El primero tiene una prominente barriga y lleva puesta una gorra de las Águilas del Zulia. Escucho un retazo de lo que dice cuando pasa a mi lado.
Hombre: (Jadeando.) …No, no, no, pero sí tenemos vida todavía… Ve: si ganamos los cuatro partidos locales y uno o dos en carretera y Magallanes nos hace el favor… (Pasa de largo, apoyando sus palabras con una enumeración que consta en sus dedos.)
Posted on January 12, 2010 with 4 notes
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Sí muerde
Vereda del Lago, amaneciendo. Un hombre está sentado en una banca leyendo Panorama con el periódico desplegado a doble página. Viste una camisa de manga corta metida por dentro del pantalón negro y usa correa, reloj, medias, zapatos. Está afeitado y peinado.
Hombre: (Viendo a mi perra cuando le pasa por el costado y chasqueando los dedos para llamarla.) Mishu, mishu… A la broma, ique mishu… (Deja el periódico sobre la banca de granito.) Vení, vení… No muerde, ¿no?
Yo: Bueno, no ha mordido…
Hombre: En mi casa había uno así… un poco más grandecito… más doble. Era de la mujer.
Yo: ¿Y ya no lo tiene?
Hombre: La mujer se me murió hace ya dos años ya. En diciembre hace dos años. Y yo no sé… yo creo que el perro se lo llevó fue la hija, creo yo… Era más grandecito… así, pero más grandecito. (Pausa durante la cual le acaricia el lomo a la perra y me mira.) Ya yo estoy jubilado. Me jubilaron ya. (Luego de unos segundos, la perra sigue su camino y él la ve alejarse con una semisonrisa.) Adiós, pues. (Entrelaza las manos y no retoma el periódico de inmediato.)
Posted on November 22, 2009 with 1 note
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Prestancia
Vereda del Lago. Unos policías se forman frente a quien parece ser su comandante.
Comandante: Atención, ¡firrrrr! (Pausa.) ¡Firrrr! (Pausa y luego observa a dos rezagados que se incorporan con desgano a la formación.) ¡FIRRRR! (Mirando ahora a uno que está conversando con el policía de al lado.) ¡Ey, mamarracho: FIRRRR!
Posted on November 5, 2009
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Fraternidad en la fuerza
Vereda del Lago. 6.15 de la mañana. Un pelotón de policías se ejercita bajo las órdenes de su entrenador. Va a comenzar una sesión de estiramiento por parejas.
Entrenador: (Con voz firme y potente.) Ahora agárrense de las manos.
Voz anónima, salida de entre los policías: ¡Ay, papá!
Posted on October 30, 2009
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Yo tenía una novia / en el 23 de enero / le faltabla un ojo / y no tenía pelo / pero eso no importa / porque así la quiero.
Coreado por agentes de Polimaracaibo durante su trote mañanero en la Vereda del Lago.Posted on October 20, 2009 with 2 notes